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15 de septiembre de 2002

 

DOMINGO POSTERIOR

 A LA SANT ACRUZ

 

 

 

“La Cruz es guarda de todo el universo. La Cruz es hermosura de la Iglesia, fuerza de los cristianos y firmeza de los fieles. La Cruz es gloria de los ángeles y herida de los demonios”.

 (exapostolarion)

 

TROPARIOS


Tropario de resurrección (Tono 3)

Que se alegren los celestiales y que se regocijen los terrenales; Porque el Señor desplegó la fuerza de su brazo, pisoteando la muerte con su muerte. Nos salvó de las entrañas del Hades y concedió al mundo la gran misericordia.

Tropario de la fiesta (Tono 1)

Salva, oh Señor, a tu pueblo y bendice tu heredad; concede a los fieles la victoria sobre el enemigo y a los tuyos guarda por el poder de tu Santa Cruz.

Kondakion  de la fiesta (Tono 4)

Oh Tú, que por Tu propia voluntad fuiste levantado sobre la Cruz, Cristo Dios, Ten misericordia de Tu nuevo pueblo llamado por Tu nombre, alegra con Tu poder a todos los creyentes, dándoles el triunfo sobre sus enemigos, para que con Tu ayuda haya paz y victoria irrebatible.

EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GÁLATAS

(2:16-20)

Hermanos: Conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley sino sólo por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las  obras de la ley nadie será justificado. Ahora bien, si buscando nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos pecadores, ¿estará Cristo al servicio del pecado? ¡De  ningún  modo! Pues si vuelvo a edificar lo que una vez destruí, a mí mismo me declaro transgresor. En efecto, yo por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios; con Cristo estoy crucificado y, vivo, pero no yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a  sí mismo por mí.

EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS

(8:34- 9:1)

Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.  Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.  Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?  Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.”

Les decía también: “Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios.”

LA SEÑAL DE LA SANTA CRUZ

En las lecturas de la víspera y en los himnos matinales de la fiesta se narran una seria de eventos del A.T. (antiguo testamento) que simbolizan la santa Cruz. El primer Símbolo se encuentra en la historia de Jonás cuando extendió sus brazos en forma de cruz dentro de la ballena simbolizando los eventos salvíficos de la pasión. Y Cuando al tercer día salió de la ballena se hizo símbolo de la resurrección. El himno, por su parte habla de cuando moisés levantó su vara y causó que el mar rojo se partiera en dos a fin de que Israel lo cruzara a pie.   

Pero el símbolo más claro y hermoso es el de Moisés cuando colocó la serpiente de bronce sobre un asta (Números 21:9) y sucedió que si un hombre era mordido por una serpiente bastaba con mirar a aquella de bronce para curarse. La serpiente simboliza a Cristo crucificado quien aceptó nuestra carne pero sin pecado, tal como la serpiente de bronce, que no tenía veneno, siendo así, Cristo, una fuente de vida y curación para todos los que crean en Él.

Así la señal de la cruz en el A.T. anticipó simbólicamente los hechos salvíficos de nuestro Señor. Nosotros nos preguntamos ahora cuándo debemos hacer la señal de la Cruz y porqué.

Nos hacemos la señal de la Cruz como un acción de gracias y diciendo gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Nos persignamos cuando comemos, cuando nos levantamos y antes de ir a dormir, cuando salimos de la casa y cuando volvemos, antes y después de estudiar. La señal de la cruz nos puede acompañar durante todo el día y en todas nuestras acciones bendiciéndolas, santificándolas y purificándolas. Muchas veces, nos persignamos durante los servicios litúrgicos. En los casamientos, hacemos la señal de la cruz con las coronas. La bendición al final de la Divina Liturgia es dada con la señal de la cruz y todos los elementos litúrgicos tales como el agua y el vino, son bendecidos con esta señal...

Resumiendo, persignarse es invocar la gracia divina sobre la gente y las cosas. Lo que podemos deducir de todos estos hechos del A.T. y de nuestra vida diaria litúrgica, es que, en primer lugar, la señal de la cruz es aquella luz que precede al trueno de la gracia divina y a la presencia de su poder. En segundo lugar, el persignarse se encuentra entre dos situaciones. La primera es la antigua, tal como lo vimos en los ejemplos anteriores, y es una situación de miedo, necesidad, sed y pecado. Es la situación del hombre antiguo. Pero la situación que realmente corresponde  a la señal de la cruz es la del hombre nuevo, satisfecho en lugar de sediento, fuerte en lugar de débil. Es la situación en la cual la gracia complementa nuestra debilidad.

La señal de la cruz nos trae la gracia divina, si la usamos para revertir una situación antigua y la queremos renovar. La señal de la cruz es un golpe en contra de nuestro hombre antiguo y un respiro para quien resucita como un hombre nuevo en Cristo. La señal de la cruz nos trae un gran cambio que la gracia divina otorga según se lo pedimos a través de este símbolo de la victoria.

“Ante tu Cruz nos postramos oh Señor, y tu Santa Resurrección alabamos y glorificamos.”

LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

(14 de septiembre)

Esta fiesta se relaciona con unos eventos lejanos históricamente. El primero se refiere al rey Constantino, quien mientras se preparaba para enfrentar a su enemigo Maxentios y entrar Roma, vio en el cielo la señal de la vivificadora Cruz en la que se leía esta frase: “con esta señal ganarás.” Así, él, adoptándola como símbolo para su ejército, ganó. En el año 20 de su reinado, Constantino  mandó un grupo encabezado por su madre, Santa Elena, a la tierra santa para que buscaran al mismo madero de la Cruz. Investigando, el grupo pudo saber que la Cruz había sido enterrada abajo del templo de Venus, construido por el emperador Adriano en el siglo segundo después Cristo. Iniciaron las excavaciones hasta que encontraron, no una, sino tres cruces.  Elena se quedó perpleja ante aquel acontecimiento y se preguntaba cuál sería la Cruz de Cristo. Mientras esto ocurría, cerca de allí pasaba una funeral, así el obispo de Jerusalén, llamado Macario, se dirigió hacia el funeral pidiendo que pararan la marcha, y ordenó que se llevaran las tres cruces  y que se tocara al cadáver por las tres, una por una. En cuanto una de las tres tocó al difunto, a este se lo devolvió el espíritu. Así, todos quedaron convencidos de que esa era, en verdad, la Cruz del Señor. El obispo Macario la levantó con ambos manos bendiciendo al pueblo que exclamó a una voz: Kirie eleison (señor ten piedad). Desde entonces los padres pusieron el festejo de la exaltación de la preciosa y vivificadora Cruz, en todas las iglesias, en el mismo día de cada año.

Casi 300 años después, en el año 614, el rey persa  Quisro conquistó Jerusalén y una de las cosas que  hizo fue que se apoderó del madero de la Cruz, y lo llevó a su capital “Al-madáen” y se quedó allá 14 años hasta que lo recuperó el rey Heracleo.

Mas la fiesta no es nada más por el descubrimiento del madero de la santa Cruz, su elevación y su recuperación, sino también por lo que se ha hecho por él: por la Cruz “vino la alegría a todo el mundo”, y por ella el Señor ha elevado “la naturaleza caída de Adán.” Con este sentido cantamos en las vísperas de la fiesta: “Venid todos los pueblos prosternémonos ante el bendito madero, por el cual se cumplió la justicia divina. Pues, quien, por el madero, engañó a Adán, el primer abuelo, fue engañado por la Cruz; quien, habiendo esclavizado a la creación real, fue abatido y encadenado; por la sangre de Dios se lavó el veneno de la serpiente; y por juzgar al justo injustamente, se eliminó la maldición juzgada por razón. Pues, fue propio que el madero se curara por el madero; y las pasiones del juzgado por el madero tuvieron que eliminarse por las pasiones del impasible. Así, gloria a tu plan divino , oh Cristo Dios, por el cual salvaste a todos, Tú que eres  bueno y  amante de la humanidad.