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14 de julio de 2002

 

 "DOMINGO DE LOS PADRES DEL 4° CONCILIO"

 

“Oh Dios Misericordioso, hoy, festejando el recuerdo de los divinos Padres, te pedimos que, por sus ruegos, salves a tu pueblo del perjuicio de los heréticos. Y haznos, a todos, dignos de glorificar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.” 

(Exapostolarion)

TROPARIOS

Tropario de resurrección (Tono 2)

Cuando descendiste a la muerte, oh Vida Inmortal, mataste al Hades con el rayo de tu divinidad, y cuando levantaste a los muertos del fondo del infierno, todos los poderes Celestiales clamaron: Oh dador de la vida, Cristo nuestro Dios, gloria a ti.

Tropario de la fiesta (Tono 8)

¡Glorificado eres Tú oh Cristo Dios nuestro, que cimentaste a los santo padres en la tierra como astros, por los cuales nos dirigiste a la verdadera fe! ¡oh Misericordioso, gloria a ti!

Kondakion (Tono 4)

      Oh Protectora de los cristianos indesairable; Mediadora, ante el Creador, irrechazable: no desprecies las súplicas de nosotros los pecadores, sino acude a auxiliarnos como bondadosa que eres ya que te invocamos con fe.  Sé presta en intervenir y apresúrate con la súplica, oh Theotokos, que siempre proteges a los que te honran.

EPISTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO A TITO

(3:8-13)

 

Tito, hijo mío: Es cierta esta afirmación, y quiero que en esto te mantengas firme, para que los  que  creen  en Dios traten de sobresalir  en  la  práctica  de  las  buenas obras. Esto es bueno y provechoso para los hombres.

Evita discusiones necias, genealogías, contiendas y disputas sobre la Ley, porque son inútiles y vanas. Al sectario, después de una y otra amonestación, rehúyele; ya sabes que ése está pervertido y peca, condenado por su propia sentencia.

Cuando te envíe a Artemas o a Tíquico, date prisa  en venir donde mí a Nicópolis, porque he pensado pasar allí el invierno. Cuida de proveer de todo  lo necesario para el viaje a Zenas, el perito en la Ley, y a Apolo, de modo que nada les falte. Que aprendan  también  los nuestros a sobresalir en la práctica de  las buenas obras, atendiendo a las necesidades urgentes, para que no sean unos inútiles.

Te saludan todos los que están conmigo. Saluda  a los que  nos aman en la fe. La gracia sea con todos vosotros

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

(5:14-19)

Dijo el Señor a sus discípulos: “Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

“No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pasa una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los cielos.

LOS CONCILIOS ECUMÉNICOS

La iglesia se expuso a unas tentaciones interiores que se manifestó por las desviaciones de la fe, las que se llaman herejías.

En los libros del Nuevo Testamento, encontramos frecuentemente advertencias de los apóstoles a los fieles para que eviten esta extraña enseñanza. “muchos seductores han salido al mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Ese es el seductor y el Anticristo...” (3Jn: 7).

Por este motivo siempre la Iglesia ha realizado concilios, locales o ecuménicos, a los cuales asistieron los santos padres de todo el mundo cristiano para determinar y formular la recta fe recibida de los apóstoles. Los concilios, entonces,  no han aumentado nuevos dogmas o verdades, pues la plenitud de la verdad ya está en Cristo, sino expresaron la fe en unas fórmulas dogmáticas guardándola de cualquier interpretación ajena.

Los dogmas formulados por la Iglesia en los concilios ecuménicos no son opiniones individuales de los padres que estaban presentes en dichos concilios, sino la experiencia de los santos, que obtienen por vivir una vida de oración y de liturgia, experiencia que brota del Cáliz de la comunión. 

A lo largo de primer milenio después de Cristo, se hizieron siete concilios cuyos resultados fueron adoptados, anunciados y enseñados por la Iglesia entera en el oriente y el occidente. 

SAN JOSÉ DAMASCENO

El Padre José, “el sacerdote Yosef El- Hadad, originario de Beirut, damasquino por patria y ortodoxo por religión”, como se presentaba a si mismo, nació en Damasco en el año 1793 de una familia pobre y piadosa. Desde su infancia gustó del conocimiento y, no obstante las grandes dificultades económicas, aprovechaba toda oportunidad para estudiar, y así continuó durante su juventud. En esta época la enseñanza general se impartía en estrecha relación con el conocimiento de lo divino, de allí que, para el joven Yosef  la Biblia era su libro de mayor interés. Mas sus padres carnales, temerosos de su futuro decidieron casarlo a la edad de 19 años. Sin embargo este acontecimiento no lo alejó del estudio ni de su vocación por el conocimiento.

La comunidad ortodoxa de Damasco, al tanto de sus virtudes y capacidades, acudieron ante el patriarca para pedirle la ordenación de José como su pastor. De esta manera, en el año 1817, fue ordenado sacerdote mostrando desde un principio fuerza y sabiduría en su predicación, particularmente en las homilías que dijo en la iglesia dedicada a Santa María (Al- Mariamíah). Muchos lo consideraban como el segundo Crisóstomo. Otros más dicen de él: “los ancianos (presbíteros) musulmanes, hasta cuarenta años después de su muerte, todavía repiten partes y dichos de sus homilías”.

El padre José fue pobre piadoso y paciente, tranquilo y humilde. Podía platicar sobre si mismo y aborrecer la soberbia y la vanidad: hasta le daba pena cuando lo alababan. Decía siempre: “ahora yo siembro en la viña verdadera de Cristo en Damasco y espero la cosecha.”

Sin duda, el Padre José fue el primer gran hombre del renacimiento de la iglesia antioquena en el siglo XIX, período en extremo difícil en todos los órdenes: los melquitas recién habían abandonado la Iglesia,  dejando una estela de problemas; los emisarios protestantes se mostraban muy activos en su proselitismo; la pobreza e ignorancia golpeaban a toda la Iglesia. Los patriarcas de Antioquia, desde 1724, eran extranjeros y ajenos al sufrimiento del pueblo. Era la imagen viva de un barco a la deriva, abandonado a la fuerza de los vientos.

En estas circunstancias, el trabajo pastoral del padre José: homilías, traducciones, enseñanza y moral, contribuyó a favorecer una ambiente de resurgimiento, a agitar las almas y a reanimar el espíritu. Comenzó así a brotar una nueva generación.

Dentro de los personajes de gran importancia en la Iglesia revitalizada, más de medio centenar habían estudiado con él, aprendiendo de su celo cristiano: el patriarca Melatio Al- Dumani, primer patriarca árabe desde 1724, fue su discípulo; también el metropolita de Beirut, Gabriel Shatila, quien decía de nuestro Padre: “las estrellas de Damasco son tres: el apóstol Pablo, san Juan Damasceno, y José El- Hadad.”

Coronaría este siervo de Dios su vida con un final (o principio) digno de su gran celo y amor al Señor y a sus semejantes: su martirio.   

En Damasco, a mediados del año 1860, tuvo lugar una matanza de cristianos por los turcos musulmanes. En aquel día muchos fieles se refugiaron en la iglesia Al- Mariamíah. El Padre José conservaba en su casa el Viático (del cual da la comunión el sacerdote a los enfermos), después de protegerlo lo colocó sobre su pecho y salió rumbo a la iglesia, corriendo y saltando sobre las azoteas de las casas. Ya en Al- Mariamíah pasó todo el día y la noche animando a los fieles y confortándolos para no temer, pues,  los que matan el cuerpo no pueden matar el alma.

Durante la mañana del día siguiente, martes 10 de julio, los atacantes invadieron las instalaciones de la iglesia, golpearon y mataron a numerosos fieles, saquearon, ensuciaron y quemaron parte del templo. Uno de los musulmanes reconoció al padre José y exclamó: “Ese es el presbítero de los nazarenos, matándolo matamos a todos los nazarenos.” Al sentir que su hora había llegado, el padre José tomó el Viático y lo tragó, al tiempo que violentamente era atacado con armas de fuego y hachas por unos, que más que verdugos, parecían leñadores furiosos despedazando un tronco. Le colocaron grilletes en sus tobillos y lo exhibieron por toda la ciudad.

Así, el Padre José, mártir de Cristo, dando testimonio, tanto con sus fatigas y desvelos, como con sus sufrimientos y sangre se hizo ejemplo digno de imitación e intercesor ferviente ante nuestro Señor Jesucristo a quien sea la gloria por los siglos.

El santo sínodo Antioqueno, que se realizó en Damasco en octubre de 1993, proclamó la canonización del sacerdote José El- Hadad como santo, determinando el día 10 de julio, día de su martirio, para su recuerdo.

Por las oraciones del sacerdote mártir José Damasquino y sus compañeros, que el Señor Jesucristo tenga piedad de nosotros y nos salve. Amén.

 

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