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25 de agosto de 2002

 

9° DOMINGO

 DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 


 TROPARIOS

Tropario de resurrección (Tono 8)

Descendiste de las alturas, oh Piadoso, y aceptaste el entierro de tres días para librarnos de los sufrimientos. Vida y Resurrección nuestra, oh Señor, gloria a ti.

Kondakion (Tono 4)

      Oh Protectora de los cristianos indesairable; Mediadora, ante el Creador, irrechazable: no desprecies las súplicas de nosotros los pecadores, sino acude a auxiliarnos como bondadosa que eres ya que te invocamos con fe.  Sé presta en intervenir y apresúrate con la súplica, oh Theotokos, que siempre proteges a los que te honran.

 PRIMERA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO ALOS CORINTIOS

(3:9-17)

Hermanos: ... somos (Pablo y Apolo) colaboradores de Dios, y vosotros, campo de Dios, edificación de  Dios.

Conforme  a  la  gracia  de Dios que me fue dada, yo, como buen arquitecto, puse el cimiento, y otro  construye encima. ¡Mire cada cual cómo construye! Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de ha de revelarse por el  fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego. Aquél, cuya  obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. El, no obstante, quedará a salvo, pero como quien  pasa a través del fuego.

¿No sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno  destruye el santuario de Dios, Dios le destruirá a él; porque  el santuario de Dios es sagrado, y vosotros sois ese santuario.

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

(14:22-34)

En aquel tiempo: Jesús obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.  Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar, al atardecer estaba solo allí.  La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario.  Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar.  Los discípulos viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: “Es un fantasma”, y de miedo se pusieron a gritar.  Pero al instante les habló Jesús diciendo: “¡Ánimo, que soy yo!; no temáis.”

Pedro le respondió: “Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.”  “¡Ven!”, le dijo.  Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús.  Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse , gritó: “¡Señor, sálvame!”  Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”  Subieron a la barca y amainó el viento.  Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: “Verdaderamente eres Hijo de Dios.”

Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret.

LA PALABRA DE DIOS Y LA FE

Que Pedro camine sobre el mar y vaya hacia el Señor es una locura, es decir, es algo que está fuera de la inteligencia del hombre, pues la ciencia, hija de la razón, nos dice que los cuerpos humanos no flotan en el agua. ¿en qué lógica, entonces, atendió Pedro al llamado del Señor: “ven”?

En un relato de los monjes se narra que un abad plantó un vara seca y pidió a un discípulo suyo que la regara cada día. En pocos días esta vara reverdeció y dio fruto. El abad recogió estos frutos y llamó a los hermanos diciéndoles: “venid a comer los frutos de la obediencia.”

En las dos narraciones la palabra del Señor, o la palabra que se recibe como si fuera del Señor, es fuerza que rompe las leyes de la naturaleza, pero algo común a ambas que también es muy importante es que la mente humana se resiste a aceptarla.

La palabra de Dios no es fácil de ser aceptada. La invitación de Cristo a Pedro “ven” está dirigida a cada uno de nosotros para que obedezcamos la difícil palabra de Dios. Esta obediencia nos conduciría a pisar el mar de nuestros deseos,  ya que “el mar” en la terminología evangélica es el mundo de la maldad, las pasiones y los deseos.

Nosotros somos cristianos, lo cual no significa que cada domingo que venimos a la liturgia Dios nos colma de bendiciones para que continuemos con nuestra vida natural, normal, para que sigamos siendo iguales; no, nosotros venimos a la liturgia a escuchar, obedecer y vivir la palabra de Dios que es “como el fuego y como el martillo que rompe la roca” (Jeremías 23:29).

 La confianza en Dios es el único seguro que tenemos para aceptar esa palabra, el único seguro para caminar sobre el agua. La obediencia a Dios, queridos, ciertamente no es fácil, pues nos pide entregar nuestra vida: “no podéis servir a Dios y al Dinero” (Mt 6:24), “amad a vuestros enemigos” (Lc. 6:27), “al que te hiera en una mejilla preséntale la otra”   (Lc.6:29)...

Cada vez que escuchamos estas enseñazas evangélicas y sentimos estar lejos de lo que nos piden, acudamos con valor pisando nuestra negligencia y tibieza para que, en nuestra vida, seamos verdaderos testigos de esta palabra, y para que nuestro encuentro en cada reunión (liturgia) sea una ofrenda santa agradable a Dios.

SAN MOISÉS EL NEGRO

(28 de agosto)

Le nombran así por el color de su piel ya que es originario de Etiopía. Fue esclavo, mas su señor lo corrió por su carácter sumamente conflictivo. Así, acudió al desierto acompañado de unos amigos semejantes a él, quienes cubrieron las arenas de maldad y corrupción.

Moisés estuvo en el desierto en tales condiciones hasta la edad de 30 años, tiempo en el que sintió la misericordia de Dios y el vacío de su vida e intentó arrepentirse. Con este fin se dirigió a Egipto para suplicar al Santo Macario que lo recibiera en el monasterio. El Santo dudó en hacerlo al ver su negro pasado, mas ante tantas lágrimas y súplicas se conmovió y lo admitió. Al poco tiempo Moisés se convirtió en uno de los mejores monjes por su obediencia, oración y trabajos, y su historia se conoció entre todos los ascetas.

El patriarca de Alejandría, Teófilo, al conocer de la sabiduría y humildad de aquel siervo de Dios, lo ordenó sacerdote a fin de que repartiera a sus monjes hermanos la palabra de Dios alimentando sus almas con los divinos misterios sacramentales.

Cuando escuchó el gobernador de Egipto de su extraña santidad, vino a visitarle al monasterio. Al enterarse Moisés de esta visita escapó, pero poco después, casualmente se encontraron en el camino. El gobernador, quien no le conocía,  preguntó al siervo anciano: “¿por donde se llega a la ermita de Moisés el negro?” el anciano le contestó: “¿qué quieres de ese loco dominado por el demonio?” El gobernador se sorprendió mas no hizo caso de la respuesta y continuó su camino. Al llegar al lugar buscado, y no encontrar tampoco ahí a Moisés, contó a los monjes lo sucedido. Y cuando estos preguntaron las características del hombre anciano, lo describió como un “siervo negro, alto y delgado de vista penetrante y  de pelo canoso”, entonces, le respondieron que ese era el padre Moisés. En el gobernador se incrementó más aún la admiración por Moisés.

Su muerte:

Un día Moisés, ya de edad avanzada pero de rica espiritualidad, dijo a sus discípulos:

    -hoy los bárbaros nos atacarán, escápense.

    -¿y tú, padre, no irás con nosotros?

    -tengo muchos años esperando este día para que se realice en mí la palabra de Dios: “todos los que empuñen espada, a espada perecerán” (Mt26:52)

    -Tampoco nosotros escaparemos; Moriremos contigo.

Mientras conversaban, los bárbaros entraron y mataron a todos, sólo uno de ellos pudo librarse y esconderse: el mismo que vio siete coronas ceñidas sobre las cabezas de lo caídos y contó el suceso. Sus oraciones sean con nosotros.