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18 de agosto de 2002

 

 EL DOMINGO DESPUÉS

DE LA DORMICIÓN DE LA VIRGEN

 

 

Apóstoles reúnanse, de los confines todos, aquí  en el pueblo de Getsemaní, y acuesten mi cuerpo; y tu, Dios mío e Hijo, recibe mi espíritu.

(Exapostolarion)  

 

TROPARIOS

Tropario de resurrección (Tono 7)

Destruiste la muerte con tu cruz y abriste al ladrón el Paraíso; a las Mirróforas los lamentos trocaste y a tus Apóstoles ordenaste predicar que resucitaste, oh Cristo Dios, otorgando al mundo la gran misericordia.

Tropario de la Dormición (Tono 1)

En tu alumbramiento conservaste la virginidad y en tu Dormición no descuidaste al mundo, oh Madre de Dios; porque te trasladaste a la Vida por ser la madre de la Vida.  Por tu intercesión, salva de la muerte nuestras almas.

Kondakion de la Dormición (Tono 2)

A la Madre de Dios, que no descuida su intercesión, y que no defrauda la esperanza de quien pide su auxilio, no podían retenerla ni el sepulcro ni la muerte; porque siendo la Madre de la Vida fue llevada a la vida por quien vivió en sus entrañas, conservándola siempre Virgen.

 

PRIMERA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS

(1:10-17)

Hermanos: Os conjuro, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que tengáis todos un mismo  hablar, y no haya entre vosotros divisiones; antes bien, estéis unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio. Porque, hermanos míos, estoy informado de vosotros, por los de Cloe, que existen discordias entre vosotros. Me refiero a que cada uno de vosotros dice: "Yo soy de Pablo", "Yo  de Apolo", "Yo de Cefas", "Yo de Cristo." ¿Está dividido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por vosotros? ¿O habéis sido bautizados en el nombre de Pablo? ¡Doy gracias a Dios por no haber bautizado a  ninguno de vosotros fuera de Crispo y Gayo! Así, nadie puede  decir que habéis sido bautizados en mi nombre. ¡Ah, sí!, también bauticé a la familia de Estéfanas. Por lo demás,  no  creo haber bautizado a  ningún otro.

Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a  predicar el Evangelio. Y no con palabras sabias, para no desvirtuar la  cruz de Cristo.

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

(14:14-22)

En aquel tiempo: Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos. 

Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: “El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada.  Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblo y se compren comida.”  Más Jesús les dijo: “No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer.”  Dícenle ellos: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.”  Él dijo: “Traédmelos acá.”  Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente.  Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos.  Y los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.  Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

LA DIVINA SABIDURÍA

El apóstol Pablo quiere resolver un problema de divisiones entre los corintios: “me refiero a que cada uno de vosotros dice: yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Pedro...”, San Pablo observa esta separación entre ellos y, como doctor inteligente diagnostica con precisión la enfermedad y nos advierte sobre la causa: la sabiduría humana, la mente del hombre, y nos descubre a si mismo la verdadera medicina: la sabiduría de Dios que está en Cristo crucificado.

En los dos primeros capítulos de la epístola, el Apóstol dice a los corintios que la vocación de servicio no es un asunto que competa a la sabiduría de este mundo : “ha escogido Dios, más bien, lo necio del mundo para confundir a los sabios” (1Co1:27). Pero ¿quiénes son estos necios del mundo? Son los santos que, por la locura divina, vendieron todo para comprar el campo donde está el tesoro escondido (Ma13:44). Pues la cruz es fuerza de Dios para los santos y necedad para los que se pierden (1Cor1:18)

La Cruz, la carga que debemos llevar en nuestra vida es el amor, no en su sentido más superficial y pasivo, sino en el más activo y profundo, que “no busca su interés, no se irrita, no toma en cuenta el mal...” (1Cor13:4-7). Con base en esta cruz-amor podemos entender todas nuestras oraciones, ayunos, limosnas no como objetivos en si mismos sino como movimientos, acciones dirigidas a esa cruz.

La sabiduría del mundo dice: “come y bebe, pues, hoy vives y mañana morirás” mas nosotros aprendemos y enseñamos a nuestros hijos que “si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos, así que ya vivamos ya muramos, del señor somos.”

Si observamos nuestras relaciones, hasta con los seres más queridos, hijos hermanos..., encontramos que, muchas veces, el amor está lleno del egoísmo que nos guía a Apolo, a Pablo, o a Pedro, mas no a Cristo. Cuando tratamos con los otros: ¿vemos en ellos la imagen de Dios, o los  miramos como meros instrumentos para satisfacer nuestros deseos?

En frente de esta trampa “come y bebe, pues hoy vives y mañana morirás” clamemos a quien dio de comer a  cinco mil personas con cinco panes y dos peces: ¡Sálvanos, oh Hijo de Dios que resucitaste de los muertos!. Amén.

LA DORMICIÓN DE LA VIRGEN

(15 de agosto)

La fiesta indica dos eventos inseparables en la fe de la Iglesia. El primero es la Dormición o muerte de la Virgen y su entierro, y el segundo es su elevación a los cielos. Esto lo resume el kondakion: “A la Madre de Dios, que no descuida su intercesión, ... no podían retenerla ni el sepulcro ni la muerte...”, pues la Iglesia cree que el Hijo de Dios, quien tomó nuestra naturaleza humana de las entrañas de la Virgen, tendría que hacer entrar a su purísima Madre, la Servidora de la encarnación en su divina Gloria, pues la tumba y la muerte no pueden retener a la Madre de la Vida.

María se hizo la primera entre los humanos y en ella se realizó el objetivo de la divinización (theosis) esperada. María  alcanza desde ahora la gloria preparada en el pensamiento de Dios, la gloria del siglo venidero, fin natural de cada ser humano. Su transito de la muerte a la vida, del tiempo a la eternidad, de la realidad terrena  a la bienaventuranza celestial, no es sino la expresión clara de la fe de la Iglesia que nos enseña que la Virgen adelantó la resurrección universal haciéndose ella nuestra primicia en el camino de la divinización del hombre y anticipo de nuestra salvación.

Este sentido teológico se pone de manifiesto en los textos y cánticos litúrgicos:

Venid, oh asamblea de aquellos que aman esta fiesta, venid y formemos un coro. Venid, coronemos la Iglesia con cánticos, porque el Arca de Dios va a su descanso.  Porque hoy los cielos se abren para recibir a la Madre de Él, el incontenible.  La tierra es cubierta de bendición y majestad.  Las huestes angelicales y los Apóstoles contemplan con gran temor a quien dio a luz a la Vida; ahora Ella es trasladada de la vida a la vida.  Venerémosle y implorémosle: no te olvides, oh Señora, de aquellos que conmemoramos con fe la fiesta de tu santísima Dormición.  (de las vísperas de la fiesta)